martes, 15 de abril de 2014

Ucrania: ¿libre, belicosa y autoritaria?

A Ukrainian soldier stands guard at a checkpoint near a town that is adjacent to Crimea (Reuters)
©Reuters

¿Qué nos puede decir la ciencia política sobre la actual coyuntura ruso-ucraniana? ¿Tenemos herramientas para predecir o al menos delinear un escenario probable en ese caso? Partamos de tres supuestos en la actual relación de tensión entre Rusia y Ucrania:

1. El gobierno de Vladimir Putin, por razones de prestigio y poder, considera necesario para Rusia construir un bloque autónomo a partir del proyecto de la Comunidad Económica Euroasiática. Éste es un imperativo geoestratégico.

2. Al gobierno interino de Ucrania, y a sus candidatos como mayores oportunidades de triunfo, les resulta inadmisible entrar en la esfera influencia que Rusia pretende restaurar. No parece haber para esa élite un punto de acuerdo que permita negociar con Moscú.

3. La Otan parece estar dispuesta a llevar a cabo maniobras disuasivas frente a Rusia, pero no a embarcarse en un conflicto que implique enfrentamiento directo, deterioro de las relaciones económicas y energéticas con la UE, ni escalada militar con los EE.UU.

Dando por ciertos los supuestos, podríamos afirmar que es probable una guerra entre Ucrania y Rusia, lo que incluiría un guerra civil en la primera. Y convencidos de su evidente inferioridad, el actual gobierno interino, y el que salga de las próximas elecciones, tenderán a ser que cada vez más autoritarios en política doméstica, y agresivos en política exterior. 

Estas conclusiones se desprenden de tres tesis que nos aventuramos a hacer trabajar de forma combinada. La primera idea la tomamos de Stephen Van Evera y su libro Causes of War. Power and the Roots of Conflict, de 1999. Van Evera incluye entre sus hipótesis el optimismo sobre una rápida conquista—que podría contagiar a Rusia—y las falsas esperanzas creadas por fluctuaciones en el poder de los beligerantes, la ventaja de la ofensiva y la necesidad de sacar ventaja con un primer ataque—que podrían contagiar a ambas.

La segunda obra es la de Edward D. Mansfield y Jack Snyder, Electing to Fight: Why Emerging Democracies Go to War, publicada en 2005. La tesis central encaja con la debilidad de la institucional democrática ucraniana y la urgencia de preservar la integridad de la república. Las elección presidencial del 25 de mayo podría estar cargada de discursos de mayor confrontación, pudiendo ser favorecido aquel que represente la opción más abiertamente hostil a Rusia.

La última hipótesis que deseo presentarles es la de Randall L. Schweller en su libro Unanswered Threats: Political Constraints on the Balance of Power, de 2006. En sintonía con la corriente de pensamiento del realismo neoclásico, el autor presta atención a la capacidad de movilización de recursos por parte de las élites que dirigen al Estado. En nombre de una simbólica restauración democrática a partir de la elección, y con el objeto de salvaguardar a la república, el interinato, pero sobre todo el próximo gobierno ucraniano, se podría inclinar a prácticas cada vez más autoritarias con el fin de desarticular a la rebelde oposición pro-rusa, y al mismo tiempo movilizar todos los recursos materiales y humanos posibles para contener el avance de la gran potencia rusa.   

Otras hipótesis podrían incluirse a las tres presentadas. Algunas serían capaces sustituir a una o dos de ellas, y otras incluso podrían dibujar otro escenario probable. Sin embargo, tomando en cuenta los intereses expuestos y los actores en juego, me resulta posible prever una conducta cercana a lo aquí escrito.