domingo, 22 de marzo de 2015

El Triunfo del Constructivismo

No, el título no sugiere ninguna conversión personal. Para bien y para mal, sigo siendo un redomado realista. Y para ser consecuente con el sentido subyacente del realismo, debo admitir que, en efecto, el constructivismo ha triunfado. El reporte del estudio de opinión llevado adelante por el Institute for the Theory & Practice of International Relations lo confirma: el constructivismo se ha impuesto sobre la tradición realista, y Alaxander Wendt superó a Robert Keohane como primera referencia, mientras que Kenneth Waltz quedó relegado a la tercera posición. ¿Cómo explicar ésto? El constructivismo, junto con el resto de las llamadas teorías críticas y reflectivistas, avanza con pie seguro en un ambiente que le es idóneo: la academia.

La reflexión y el debate son actividades individuales y colectivas altamente apreciadas en la vida académica. Como lo son el análisis y la decisión en el mundo de la política. Max Weber dejó clara la diferencia entre el político y el científico, exponiéndolo como un asunto vocacional. Henry Kissinger lo puso en un plano más cercano al campo de las relaciones internacionales, el de la decisión, al oponer la relativa libertad del académico frente al peso de la responsabilidad sobre los hombros del estadista. Los errores del primero afectan su reputación, mientras que los del segundo, la vida de millones. La academia, en su sentido más ortodoxo, es un ambiente aislado y controlado. En nombre de la libertad de cátedra y pensamiento – condición indispensable para el avance del conocimiento – se han creado oportunidades para una academia abstracta.

Estados mayores, gabinetes ejecutivos o juntas directivas deben lidiar con la implacable realidad, generalmente a contra reloj. Sus miembros decisores están sometidos a la necesidad de resultados. Interminables debates sobre las identidades culturales o sobre la construcción intersubjetiva de la realidad, no tienen cabida en ambientes políticos, militares o empresariales, mucho menos en momentos críticos. Que los realistas estén cada vez más tentados a trabajar en espacios más acordes a sus enfoques y métodos es un fenómeno que se refuerza ante la crisis de plazas y salarios de la universidad en el mundo. Mientras tanto, las complejas e interesantes especulaciones reflectivistas seguirán ganando espacio académico, y los centros de decisión seguirán quejándose de la progresiva falta de habilidades prácticas de los egresados.